lunes, 5 de agosto de 2019

Guatemala: ALMG, la máscara maya del Estado – Por Rigoberto Quemé Chay


Con Álvaro Colom se puso de moda el gobierno con rostro maya.
Se ondeó la bandera maya en el Palacio de la Cultura. Se tocaba la pieza musical El rey quichéen los actos protocolarios. Se permitió que ciertos indígenas de conciencia e identidad lightingresaran a niveles bajos de gobierno. El presidente se hizo acompañar de un mercader de la espiritualidad como su asesor, pero nunca le dio audiencia ni le consultó. En fin, se hizo mucha bulla para desviar la atención de la discriminación con una acción multicultural desde los centros racistas de poder para suplantar con una máscara folclorizada no solo el rostro maya, sino también el alma, el cuerpo y la historia de un pueblo colonizado durante 500 años.

En 1990 acompañé, en ciertos momentos, el esfuerzo de reconocidos líderes sociales y académicos indígenas que, con la colaboración de mestizos conscientes, lograron la creación, a través del Congreso de la República, de la Academia de Lenguas Mayas de Guatemala (ALMG) con la finalidad, dentro de varias, de difundir las lenguas ancestrales y de coordinar acciones lingüísticas con el Gobierno y el Estado.
Recién se instaló la nueva junta directiva de la academia, y 27 años después el balance es dramático y frustrante. No solo los gobiernos, dentro de la corrección política, han fingido reconocer e incluir a los pueblos indígenas. Además, las instituciones públicas indígenas, llamadas «ventanillas» por algunos analistas, han colapsado dentro de la monoculturalidad del Estado por la excesiva burocratización, los intereses económicos y politiqueros, el machismo, el autoritarismo, la incapacidad técnica y académica y la alta ineficiencia en el cumplimiento de sus objetivos y finalidades. En la práctica, se han ladinizado perfectamente.

Fui invitado a observar el proceso de elección y cambio de junta directiva de la academia en noviembre del año pasado, y no fue nada constructivo observar cómo se impuso a los mismos directivos. Solo rotaron los puestos, y los nuevos fueron apenas tres. También se excluyó la participación y los planteamientos de las mujeres, en clara contradicción con los principios, los objetivos y la cosmovisión de la institución y de los pueblos indígenas. En contravía, fue gratificante observar cómo las mujeres —reserva moral y política que puede nutrir a nuestras organizaciones e instituciones ante el descalabro colonizador que sufren los liderazgos masculinos tradicionales— denunciaron la «democracia perversa» que se estaba practicando al fingir consulta y participación, cuando lo ocurrido no fue más que oscuras negociaciones previas entre la mayoría de los directivos para continuar en esos precarios e ineficientes espacios de poder político y económico y en prácticas nepotistas y patriarcales.
Denunciaron que, de un presupuesto de 34 millones de quetzales, el 75 % era para funcionamiento, mientras la poca inversión para la promoción de las lenguas se distribuye entre 22 comunidades lingüísticas y sus miles de miembros. También denunciaron que la ejecución presupuestaria apenas sobrepasaba el 50 % y que había resistencia a cambiar el estado de cosas y, más aún, a adecuarse a la gestión y presupuesto por resultados. Es decir, estamos ante una burocracia al mejor estilo ladino: rapaz e insaciable. Se incluye en esta tragedia para los pueblos a la TV Maya, que no ha podido ser el vehículo de los pueblos indígenas y el vínculo con estos.

La realidad marca un retroceso en el desarrollo de la riqueza idiomática del país: «Estancada se halla en Quiché la educación bilingüe […] Nos entendemos con los niños, pero no hay un procedimiento para enseñar a leer y escribir en su idioma» [1]. Entonces, ¿para qué existe la Academia de Lenguas Mayas de Guatemala? Y lo mismo sucede con el aumento del racismo, de la pobreza y de la exclusión de las mujeres indígenas a pesar de la institucionalidad pública indígena.

El problema real es que esa institucionalidad (ALMG, Codisra, Fodigua, DEMI, Seprem, etcétera), nacida de esfuerzos válidos, pertinentes y esperanzadores, ha sido víctima de la colonialidad y hoy ha topado en sus capacidades y posibilidades. A mi criterio, ha llegado a su fin, lo que obliga a pensar que, dentro de la reforma o refundación del Estado, ya no son útiles, necesarias ni incidentes. Aunque a muchos no les gustará, hay que plantear que, ante la proximidad del bicentenario de la independencia en 2021, los pueblos indígenas creen una institucionalidad nueva, amplia, integral, coordinada, representativa, legítima y auditada social, financiera, cultural y políticamente por los pueblos, que pueda realmente incidir en el cambio de las precarias condiciones en que se debaten los pueblos indígenas.

[1]Prensa Libre, 3 de enero de 2018, página 22.

Por Plaza Publica
https://www.plazapublica.com.gt/users/rigoberto-queme-chay

El Poder es Racismo y el Racismo es Poder, Rigoberto Quemé Chay, Plaza Publica



La sobrevivencia de los pueblos originarios ante el embate violento colonial fue la primera superación del odio racista.
Resguardar la cosmovisión y la cultura diversa y legítima y reproducirlas a través de la memoria histórica fue la siguiente superación del racismo. Mantener estructuras sociales y de autoridad, prácticas y saberes fue lo que vino después. La movilidad de ciertos estratos indígenas en lo económico y social, incluyendo procesos de acumulación y de apertura de espacios en la sociedad monocultural, ha sido otro nivel superado. Falta aún insertarse en el ejercicio del poder y superar la desigualdad política.
De ahí el odio racista contra Thelma Cabrera y otras propuestas electorales surgidas desde los pueblos, aunque en diferentes partidos. Contra ellos hacen causa común no los verdaderos afectados por la autodeterminación de los pueblos, los miembros de la oligarquía, sino los clasemedieros de los estratos de servidumbre del sistema colonial. Algunos medios de comunicación ignoran a Cabrera y no la toman en cuenta. Otros, como algunos faferos de una radio capitalina, descargan su resentimiento y mediocridad sobre ella, pues dentro de su fantasía de superioridad la consideran inferior, temerosos de su real superioridad.

Las redes sociales se saturan de ataques, descalificaciones y señalamientos a priori, con los cuales niegan el derecho de ella a participar y la libertad de los ciudadanos de elegir libremente y sin prejuicios. Los ataques ya no son tan anónimos. El racismo envalentona a quienes lo padecen. Se vuelven irracionales, descarados y violentos. ¿Por qué?
Escribe Mario Roberto Morales mencionando a Hermann Hesse y a Nietzsche: «“Cuando odiamos a alguien, odiamos en su imagen algo que está dentro de nosotros” […] Quien odia a otra persona se odia a sí mismo a través de ella. Y esto le gusta. Se regocija en ello. Porque está enfermo. No se odia al que se menosprecia. Solo se odia al igual o al superior». Apunta también que, «mientras [el racista, agrego yo] no dé este paso fundamental —admitir quién es realmente y usar esta admisión como cimiento para construirse con solidez y sin fantasía—, continuará formando destacada parte de la mediocridad que tanto aborrece y que le endilga a la persona odiada». Así de fatal y cruel es el odio racista.
Pero ¿qué hay dentro de nosotros que odiamos/negamos y proyectamos hacia afuera?
El problema del racismo es que hay una gran cantidad de gente que tiene ancestros indígenas y a la cual esto le duele, por lo que está lejos de identificarse con ellos.

Un estudio realizado en Brasil por Gustavo Tavaresdice del ADN mitocondrial: «Este es el resguardo de información genética vía materna. El ADN estudiado contiene la estructura y la demografía de los linajes de los nativos americanos presentes en las poblaciones indígenas actuales y en los mestizos. Los genes son esos diminutos reservorios de información menos mentirosos que los cronistas hispanos».

Una de las conclusiones del estudio señala: «Existe una diversidad genética más alta de ADN mitocondrial de americanos nativos en la población mestizada que en la población indígena. En ellos hay más variedad genética indígena que en los propios indígenas actuales […] La población mestiza representa un importante reservorio genético de los linajes americanos nativos, muchos de los cuales están extintos en las poblaciones indígenas contemporáneas».

La razón de que los mestizos lleven en su cacashte mayor diversidad indígena es que ellos fueron sometidos al etnocidio, en tanto los pueblos originarios han sido víctimas de genocidio. La existencia de la variedad genética (sabia la naturaleza) se debe a que la población nativa fue casi exterminada, mientras que la mestiza, al aliarse socialmente al colonizador, sobrevivió en mayor cantidad.
Concluye el estudio: «Desde el punto de vista cultural el mestizaje fue una catástrofe, pero desde el punto de vista genético fue un tesoro. Estamos viendo, en un sector de la población que no se identifica como indígena, la conservación de una diversidad genética importante que nos da la ventana para estudiar fenómenos demográficos en el pasado, diversidad que por desgracia los propios grupos indígenas han perdido debido a los procesos brutales por los que han pasado».

Entonces, el problema del racismo es que hay una gran cantidad de gente que tiene ancestros indígenas y a la cual esto le duele, por lo que está lejos de identificarse con ellos. Eso fue un etnocidio con éxito total. En ese sentido, el problema de Guatemala reside en el racista, que debe encontrarse a sí mismo para superar su odio a sus raíces. Y los originarios, como Thelma Cabrera y otros, deben seguir reivindicando derechos colectivos para disminuir el tramo de desigualdad política y ejercer también el poder.

Por Plaza Publica 

Utz K'aslemal - EI Buen Vivir

Aura Cumes
"EI Buen Vivir, es un proyecto político de vida; es el proceso de satisfacción y bienestar colectivo para potenciar la vida en equilibrio de la madre naturaleza y el cosmos para lograr la armonía". Con estas palabras se concibe el Buen Vivir, en este texto elaborado colectivamente por la Confluencia Nuevo B'aqtun en Guatemala. Es estimulante ver que distintos sectores, mayas, feministas y representantes de organizaciones populares, logren escucharse mutuamente, pensar juntos e intentar caminar juntos en esta búsqueda de nuevas formas de vivi r y de convivir. Digo que es alentador, dada la polaridad con que se viven y defienden las ideologías y las apuestas políticas en Guatemala, producto de un pensamiento y actuar monista como vra única, aprendida desde las carencias de una historia de colonialismo y patriarcado, de racismo y de capitalismo.
Desde hace un tiempo, el Pueblo Maya, las naciones Aymaras, Quichuas, Quechuas, y otras más, han venido recordándole a América Latina y ai mundo, que antes dei colonialismo y de la modemidad capitalista, hubo en nuestras tierras una concepción de la vida y de la convivencia que no desapareció con las imposiciones violentas dei mundo occidental, sino persiste, a pesar de la subyugación a que se le sometió. A esta otra manera de concebir la vida y de vivi ria, Quichuas, Quechuas y Aymaras, en Ecuador y Bolivia, lo nombran como Buen Vivir (Sumak kawsay, Suma qamaria). Desde algunos idiomas mayas, el Buen Vivir se traduce en expresiones como Utzilãj K'aslemal, Raxnaqil, Ral ch'och', de acuerdo a lo descrito en este documento. Los significados de Utzilãj K'aslemal, Raxnaqil, Ral ch'och' están en relación directa a lo que se ha venido nombrando como Buen Vivir.